Anécdotas de Parejas: Las Chicas Del Teléfono Erótico

 

Nunca comprendí que le veía mi marido al sexo telefónico. Mi curiosidad ebullía por entenderlo. Siempre he sido muy libre, y nunca he tenido prejuicios con las películas y las revistas para adultos. Muchas veces de manera cómplice mi esposo y yo, de hecho, disfrutamos hasta la saciedad de ver las lujuriosas imágenes de esos eróticos videos. Todo ello abría nuestro apetito sexual durante toda la noche, y no temo decir que es uno de los secretos de nuestra satisfacción como pareja.  Así que sus llamadas eróticas no me perturbaban en lo más mínimo, aunque reconozco, me hacían sentir un poco abandonada. Sentía que quería formar parte de su ardiente experiencia.

 

Cuando me decidí a llamar:

 

Todo cambió el día que decidí llamar atraída por la curiosidad. Necesitaba saber que era lo que sentía mi pareja al escuchar esa voz sexy a través de una línea telefónica. En mi opinión, tenía que ser algo demasiado impersonal. No podía caber en mi cabeza como se podía sentir algo sin ninguna clase de contacto físico. ¿Cómo podía yo experimentar alguna clase de sensación sin ver la cara al otro lado del auricular? El número estaba allí, en un anuncio impreso guardado por mi esposo dentro de su billetera. Eran quizás las conversaciones telefónicas más extensas, pero yo no tenía quejas: mi marido pagaba esas llamadas con su propio bolsillo, tampoco me ocultaba nada.

 

Al marcar, me topé de repente con  una voz femenina y seductora, la cual me enganchó, inesperadamente, aumentando ese sentimiento de curiosidad. Nunca había experimentado algo así. Yo actuaba de forma curiosa y juguetona, pero, en teoría, pensaba sólo en conversar con un hombre, capaz de atraerme con su voz ronca y varonil. Se lo hice saber a la chica que me atendió. Me replicó diciendo, de forma suave, sin alterarse, respirando de manera entrecortada “¿Qué tal si hablas conmigo? Podríamos pasar un rato entretenido”. Aunque me sentí entre excitada y molesta, repetí, como queriendo salir de esa situación ambigua “Ok ¿podría por favor comunicarme con algún caballero complaciente?”. “Disculpa, no tenemos disponible ese servicio, pero yo podría complacerte de una manera muy divertida”. Debí haberme enfadado. Debí haber colgado molesta. Pero algo me impidió hacerlo. Acaso las ganas de experimentar algo nuevo.

 

Lo cierto es que en unos segundos mi punto de vista había cambiado drásticamente. Sentía que un calor de origen desconocido recorría mi piel y me perturbaba de una manera incitante, pero con tendencia a provocar mis instintos más bajos, arrástrandome a una de las experiencias más calientes de mi vida. Ni siquiera mi esposo había logrado aumentar mi líbido de esa manera. La voz al teléfono me preguntaba si me estaba tocando, y respondí afirmativamente. “Tócate más”, me respondió “e imagínate que son mis manos, recorriendo tu cuerpo en la oscuridad”. Mi marido podía llegar en cualquier momento de su trabajo. Yo no sabía si lo tomaría bien o mal. Ser descubierta alimentaba mis ganas y estremecía hasta la última fibra de mi cuerpo. Estallé en un orgasmo sin control.

Author: admscuole134

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